Tercera entrega de mi serie de blogs invitados en Yentelman.com

En un viaje de negocios en Las Vegas, mis compañeros y yo salimos de marcha a presenciar esa locura que es la “Ciudad del Pecado”. Dado el volumen de gente en los hoteles y casinos, y el hecho de que éramos un grupo numeroso, no pudimos evitar perder a un grupo de colegas. Barry, el jefe de programadores, un escocés de Glasgow de 1’95 y voz de barítono, decidió llamarme al móvil para determinar nuestra ubicación. Traté de superar el ruido de las tragaperras y los gritos en la sala de juegos, y pregunté: “Where are you?”. “We are INSANE!!”, parecía gritar Barry.  “We are INSANE!!”. Aturdido, le pasé el móvil a un compañero inglés que, aunque con esfuerzo, he de decir en mi defensa, pronto decodificó el mensaje: “He says, they are INSIDE”.

La anécdota sigue siendo motivo de chascarrillo en la empresa pero al margen de su valor humorístico, muestra la dificultad que nosotros, hispanoparlantes, tenemos a la hora de distinguir sonidos en otras lenguas.

En mi primera entrega aludí al hecho de que para aprender un idioma necesitamos dominar los elementos esenciales que lo forman, sonidos, palabras y frases. Y el orden no es aleatorio. Los sonidos van a ser la piedra angular a la hora de, no sólo reconocer las palabras en el otro idioma, pero también para memorizar el léxico de forma correcta . Si para aprender ciertas palabras necesitamos varios niveles de esfuerzo cognitivo (cómo se escribe, cómo se pronuncia, cual es la palabra) necesitamos tres veces más capacidad mental para reconocer y recordar esa palabra.

Por eso, en cualquier idioma, en vez de aprender el “My name is Oscar. You killed my father. Prepare to die.” (bueno esto último no se aprende, pero se debería), lo primero que habría que hacer es determinar qué sonidos son los más habituales en esa lengua, y cómo distinguirlos. Es lo que se llama en lingüística los pares mínimos. Lo bueno de empezar a aprender un idioma con estos pares mínimos es que vamos a entrenar al cerebro a solventar las situaciones más difíciles y útiles que nos propondrá una lengua, esos momentos en los que tenemos que identificar un sonido para que la conversación tenga sentido, o hacernos entender sin necesidad de escribir la palabra a un nativo. Una vez podemos superar los obstáculos más problemáticos, el resto será mucho más fácil.

En Internet se pueden encontrar listas de estos pares mínimos para casi todos los idiomas. En inglés hay muchísimos recursos con su pronunciación y todo (https://www.englishclub.com/pronunciation/minimal-pairs.htm ). En mi caso, para griego, encontré los pares griegos en una web y los puse en en un software de repaso espaciado como Anki, con archivos de sonido de nativos pronunciando esas palabras que extraje de Forvo,  y de esta forma pude memorizar y reconocer sonidos parecidos en Griego en un tiempo récord de 3 h de estudio total (espaciadas en varias sesiones de 10 min al día).

Coach.me-AprenderGriego

Para medir mi progreso, utilizo la aplicación web de consolidación de rutinas diarias llamada Coach.me . Te da estadísticas como la que muestro: en Octubre y Noviembre de 2014 revisé los pares mínimos unas 20 veces, a 10 minutos cada sesión, son unas 3 horas de estudio.

El reconocimiento de sonidos es un fundamento básico a la hora de aprender un idioma. Varios estudios han mostrado que los músicos profesionales suelen aprender idiomas con mayor facilidad porque su oído está entrenado en reconocer sonidos. En nuestro caso, no tenemos la necesidad de convertirnos en un nuevo Melendi, sino que nos vale con entrenar el oído de la misma forma que los músicos lo harían: mediante repaso continuo y testeo.

Una vez tenemos el oído entrenado para reconocer y pronunciar aquellos sonidos básicos de la lengua que queremos aprender, el siguiente pilar es el del vocabulario. Pero, por dónde empezamos? El inglés tiene algo más de 1 millón de palabras en su glosario. Abrumador, sin duda. No obstante, como dije en mi primera entrega, sólo necesitamos algo así como un 1% de esas palabras para satisfacer todas nuestras necesidades de comunicación. Es el principio de Pareto otra vez al rescate.

Hay infinidad de listas de palabras más usadas en inglés, y en la mayoría de los idiomas, en los interwebs. Armados con una de ellas (digamos de 1000 palabras) y nuestra capacidad para entender los sonidos que las forman, que hará que se nos queden más fácilmente, sólo tenemos que encontrar un método que nos permita aprenderlas y consolidarlas en nuestra memoria, rápidamente.

La ciencia nos dice que no memorizamos todo tipo de información de la misma forma. Desde un punto de vista evolutivo, podemos memorizar imágenes mucho más fácilmente que sonidos o infinitamente mejor que abstracciones humanas como son dígitos o palabras. Tiene sentido. En miles de años de evolución hemos tenido que aprender por las malas que esa planta era venenosa, o que había que tener cuidado con ese entrañable gato de 200 kilos de peso.  Esta capacidad visual nos permite hazañas tan extraordinarias como ser capaz de reconocer 65% al 70% de 10000 imágenes que nos enseñaron sólo una vez. 

Otra curiosa característica de la memoria es que todos olvidamos nueva información a la misma velocidad, lo que se ha venido a llamar la curva del olvido. Olvidamos rápidamente en las primeras horas, más lentamente en días posteriores, y la información se olvida casi por completo a los 8 días. Si repasamos la información en el momento idóneo en esa ventana temporal de 8 días, nuestra consolidación del saber crece exponencialmente.  Conociendo esto, podemos usar programas de repaso espaciado, que utilizan un algoritmo que te recuerda qué palabra tienes que repasar en el momento justo para que no se te olvide.

Si combinamos ambos conceptos, podemos crear por ejemplo 1000 fichas de estudio en un programa como Anki, atribuyendo a cada palabra una imagen significativa, y a ser posible que tenga algún tipo de relevancia personal y sentimental, o que sean muy divertidas u ofensivas, ya que memorizamos mejor imágenes que tienen un contexto sensorial que va más allá del simple objeto. Si sentimos cariño, aversión o desprecio al ver la imagen, o simplemente nos hace gracia, la palabra asociada se nos quedará mucho mejor.

Anki-Ficha-Estudio-Palabra

 

Para buscar imágenes recomiendo buscar en la versión local de Google (para inglés sería Google.com) porque ciertas palabras tienen connotaciones distintas en distintos idiomas, y las imágenes que recibirás serán muy distintas. Además eso te hace usar la palabra tal cual, sin necesidad de traducirla mentalmente.

Aunque el proceso de crear las fichas es laborioso, te ahorras horas y horas de estudiar las mismas palabras sin saber si se te habían olvidado o si siempre empiezas con las primeras de tu lista de vocabulario y estás demasiado cansado con las últimas. El programa se hace cargo de decirte lo que tienes que estudiar y cuándo. Las imágenes  de las fichas que provocan sentimientos hacen que estas palabras se consoliden en tu memoria, y el uso de un código mnemotécnico contribuye incluso más a que se marquen a fuego en tu memoria.  Hace casi un año que termine de repasar las más o menos 700 palabras que consideré más importantes en griego moderno, si hago un repaso en Anki suelo clavar 90% de todas ellas. No está mal.

Para finalizar, en mi última entrega, desglosaré cómo utilizar Anki para aprender gramática y que está gramática tenga sentido para tu situación personal, y expondré las estadísticas y percepción personal de si este sistema fue efectivo a la hora de aprender Griego Moderno.