Esta Entrada fue publicada en el estupendo blog de mi amigo David Esteban Yentelman.com

Estación de autobuses de Sheffield, norte de Inglaterra. Año 2003. Dos turistas españoles más perdidos que un pingüino en un garaje, intentan descifrar los paneles de llegadas y salidas. Completamente absortos en esta tarea, no se dan cuenta de que dos señoritas de muy buen ver se aproximan con una amplia sonrisa en sus caras. La historia de un épico fracaso se empieza a forjar.

Mozas de buen ver: “Hi”

Españolitos: [….]

Mozas de buen ver (intentando hacer conversación): “What is your name? Are you Spanish?”

Españolitos: [….]

Mozas de buen ver (desesperadas ante el lamentable alarde de ineptitud del macho hispano): “Could you tell me what time is it?”

Uno de los españolitos empieza a balbucear: “Uh, ah”. En un momento de inspiración señala al otro españolito, ése que sabe inglés. Una sonrisa de satisfacción aparece en la cara del políglota. Viniéndose arriba, sabiendo que este es el momento en el que los 14 años de aprendizaje del idioma van a dar sus frutos, farfulla: “Uh, ehhh”…y le enseña el reloj de pulsera con un resignado ademán. Las chicas, en parte decepcionadas, en parte divertidas, se alejan del lugar de la catástrofe, dejando a nuestros héroes con el rabo entre las piernas.

Quizá el lector se sienta identificado con esta historia. Uno de los protagonistas es, como se pueden imaginar, un humilde servidor. Omitiré el nombre del otro para no tirar al pobre hombre a los pies de los caballos.

Catorce años parecen muchos para aprender un idioma. Pero si nos ponemos a mirar el curriculum educativo desde secundaria hasta Universidad, podemos darnos cuenta de que estos catorce años de aprendizaje consisten principalmente en cientos de ejercicios de gramática. Presente perfecto vs presente perfecto continuo. Pasado perfecto vs pasado perfecto continuo… Repítalo ad nauseam, año tras añoCuriosamente, los ingleses no saben lo que es un presente perfecto continuo a no ser que estudien latín.

Ademas de gramática, otra práctica habitual son las interminables listas de vocabulario. Antes de vivir en Inglaterra conocía la diferencia entre “stroll”, “stride” y “march”. Sabía decir “It is raining cats and dogs” (llueve que te cagas), frasecita que cuando la usé delante de un sajón, éste me miró como si hubiera salido de una película de los años 20. Sabía usar “Needless to say” como nexo. Sin embargo, no sabía dar la hora cuando me la preguntaban dos pibones.

Lo curioso es que no es necesario saber todas estas cosas para entenderse en inglés. Un individuo puede entender 80% de la comunicación hablada y 72 % de la comunicación escrita en inglés con solo 1000 palabras. Simplemente hay que saber qué 1000 palabras aprender y en qué contextos. Y sobre todo ser capaz de escucharlas y entenderlas cuando estas palabras vienen de un nativo.

La enseñanza de idiomas está principalmente orientada a hacer más fácil el trabajo del profesor y de los materiales didácticos. Es más sencillo enseñar vocabulario usando listas que están conectadas semánticamente: miembros de la familia, colores, días de la semana, etc. Es mucho mas fácil planear una lección alrededor de un hilo argumental consistente, que no alrededor de las 100 palabras mas frecuentes en esa lengua, entre las cuales habrá muy poca relación lógica, si no ninguna. Pero desde un punto de vista de optimización del conocimiento esto no tiene sentido, no se adapta a las necesidades comunicativas básicas del individuo a la hora de empezar a hablar otra lengua. Es muy probable que utilices la palabra “mother” regularmente en cualquier conversación, pero cuántas veces usarás la palabra “tatarabuela”? Ambas palabras pertenecen al grupo léxico de “miembros de la familia”, y es probable que las aprendas al mismo tiempo,  pero una es usada regularmente y otra casi nunca.

Desde un punto de vista estrictamente científico, sabemos que cada nativo inglés aprende su idioma siguiendo ciertas fases de desarrollo en la infancia, y estas fases son universales. Primero, se empieza con el reconocimiento de ciertos sonidos en palabras. Luego, el uso de palabras para contar ciertas historias (“Nene pupa”, “Pajarito va”). Antes de los tres años, empieza a utilizar el presente continuo (“Birds going”). Luego el pasado, y curiosamente, después de aprender el pasado, empiezan a utilizar el verbo “to be”.

Desconcertante verdad? Todos esos años aprendiendo el “My tailor IS rich” en la primera lección de cada libro de inglés y resulta que los nativos lo aprenden mucho mas tarde. Desde un punto de vista de eficiencia comunicativa tiene sentido: se entiende igual “mesa azul” que “la mesa es azul”, el verbo copulativo se puede omitir sin que el mensaje pierda contenido.

El secreto de aprender un idioma es ser capaz de desmenuzar los elementos esenciales que lo forman, y una vez desmenuzados perder tiempo sólo en aquellos que nos van a dar mayores niveles de especialización. Usando como referencia el principio de Pareto, la clave esta en encontrar el 20% de aquellos elementos que nos van a dar el 80% de nuestra capacidad para comunicarnos en ese idioma.

En siguientes entregas desglosaré los elementos que creo son los más importantes a la hora de aprender un idioma, cómo optimizar el tiempo de estudio para que estos elementos se consoliden en nuestra memoria, y cómo utilicé estos principios para aprender Griego Moderno conversacional en solo 30 horas en preparación de mi boda en Creta en Septiembre del 2015.

Hasta entonces, como dijo Einstein, sabed que: “La educación es aquello que permanece una vez olvidamos lo que aprendimos en la escuela”.