En otra vida tuve un trabajo de corrector de las actas de las Cortes de Aragón. Los plenos del Parlamento regional se grababan entonces en minicassetes que dos miembros de mi equipo escuchaban con esfuerzo, intentando no dormirse ante la dialéctica poco afortunada de esos aspirantes a Azaña. Mientras mis transcriptores escuchaban, intentaban reproducir lo que se decía en un documento de Word, y al finalizar la cinta me pasaban sus escritos para que corrigiera el estilo, la ortografía y la gramática. Una labor ardua, repetitiva y con cierta propensión al error.

Parece que hable del siglo pasado, y lo es casi. Trabajando en el mundo de la tecnología como lo hago en este momento, me doy cuenta que hoy en día estas grabaciones estarían digitalizadas, y que un simple programa de voz a texto las podría transcribir. Una web de corrección de gramática y ortografía podría hacer la mayoría de mi trabajo y bastaría un repaso para matizar y pulir ciertas expresiones y puntuación.

El trabajo que nos costaba horas y requería de 3 personas lo puede hacer sólo una en la mitad de tiempo.

Otro de mis peculiares trabajos de juventud fue ser auxiliar de topografía para el servicio de alcantarillado del Ayuntamiento de Zaragoza. Realizábamos mapas del sistema de cloacas y parte de ello consistía en bajar en rappel al interior de estos sumideros y medir sus dimensiones con una cinta métrica. Hoy en día, un simple dron de uso personal que te cuesta 500 euros, con sensores, podría hacer esa labor de una forma rápida, segura e higiénica.

El auge de los populismos políticos del último año se ha alimentado de la insatisfacción de la clase obrera occidental a la vista de que mano de obra barata en países emergentes o el inmigrante en sus propias naciones, así como el auge de tecnologías disruptivas basadas en sotfware o robótica, han empezado a absorber el tipo de trabajo que solía ser patrimonio del proletariado. Actitudes racistas y xenófobas se unen a ludismos de nuevo cuño. Las destrucciones de telares en el siglo XIX, en plena efervescencia de la Revolución Industrial se pueden comparar a las manifestaciones de taxistas contra Uber o la animadversión contra los gigantes tecnológicos como Google en la Unión Europea (dejando el tema fiscal al margen).

¿Es de recibo tanta preocupación?

Un par de economistas del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee escribieron en 2011 el libro La Carrera Contra La Máquina en el que estudian como premisa cómo las nuevas tecnologías están afectando a los mercados laborales de maneras inesperadas. Al parecer, la tecnología avanza más rápido que lo que las empresas y el conocimiento de la mano de obra pueden absorber. Para muchos trabajadores, este retraso produce malas noticias. A medida que las máquinas inteligentes mejoran, y la brecha entre la máquina y las habilidades humanas se reduce, los patrones se decantan por invertir en “nuevas máquinas” en lugar de en capital personal. Y como las tecnologías aplicadas al teletrabajo mejoran, los empresarios no necesitan limitarse a encontrar talento en su ámbito geográfico, sino que pueden subcontratar ciertos puestos entre los mejores candidatos en cualquier parte del mundo.

Según Brynjolfsson y McAfee esta “brecha digital” no es necesariamente mala para todo el mundo. Según su tesis, habrá tres tipos de perfiles laborales que no sólo sobrevivirán sino que triunfarán en esta nueva coyuntura:

  • Los trabajadores altamente especializados. Y no, no me refiero a un doctorando en Historia de la Música del 1800 al 1810. Tecnologías como la visualización de datos, la analítica web, las comunicaciones de alta velocidad y la creación de prototipos rápidos han hecho que aquellas personas con capacidad de razonamiento más abstracto y basado en datos, destaquen en el mercado laboral. Aquellos que sepan cómo interpretar los datos que las máquinas producen, serán imprescindibles. Perfiles laborales como estos se encuentran en los Analistas de Datos o Científico de Datos, analistas webs, analistas de negocio, etc.

  • Los Cracks. Y tú me dirás: “pues claro, no te  jode, si eres un campeón siempre lo vas a tener más fácil”. Pues no necesariamente. Diez años atrás, un mediocre programador en Londres tendría muchas más oportunidades de triunfar que una superestrella en Madrid. Con la banda ancha universal y herramientas de colaboración como el correo electrónico y el software de reuniones virtuales en muchos sectores de la economía del conocimiento esto ya no es posible. Ya no tiene sentido, por ejemplo, contratar a un programador a tiempo completo, pagando espacio de oficina y seguridad social, cuando en vez de eso se puede acceder a los servicios de uno de los mejores programadores del mundo, sólo por el tiempo necesario requerido para completar el proyecto. El empresario no se mata la cabeza al intentar contratar, el proyecto se termina antes y el superestrella de Madrid puede trabajar en proyectos variopintos en cualquier parte del mundo…desde su casa. Esta misma tendencia es válida para un creciente número de campos donde la tecnología hace posible el trabajo remoto productivo: consultoría, marketing, escritura, diseño, etc. Una vez que el mercado del talento se hace universal aquellos que valen, triunfan, mientras que los mediocres sufren.
  • Los accionistas (o emprendedores). Aquellos que invierten en las tecnologías que están cambiando el mundo, aunque no sepan cómo utilizarlas. Aquellos que han invertido en Facebook, Instagram o Snapchat, aunque nunca lo hayan utilizado, se estarán poniendo las botas. Para los propietarios o emprendedores, si dan el campanazo, tienen resuelta su vida y la de cuatro generaciones de su familia.

Para resumir, las capacidades necesarias para destacar en esta nueva economía se reducen a ser capaces de dominar materias de gran complejidad y además conseguir generar valor en términos cualitativos y cuantitativos (rápidamente).

Para ello necesitamos la tecnología.

¿Pero, qué tecnologías o materias, tenemos que dominar, me dirás? Me alegro de que me hagas esa pregunta.

Peter Diamandis, en su libro Boldnos presenta la tesis de que todo aquello que es susceptible a ser digitalizado (la biología, la medicina, la manufactura, etc) presenta la posibilidad de ser afectado por la Ley De Moore que hace que estas áreas de conocimiento pasen de tener un crecimiento lineal a un crecimiento exponencial.

Normalmente estos fenómenos pasan inadvertidos al principio hasta que se produce un catalítico. Cuando empecé en esto de Internet, en 2006, llevaban desde el 2000 diciendo cada año que ese año iba a ser el año del móvil, pero tecnologías como WAP nunca cuajaron del todo. Tuvo que ser el advenimiento del Iphone en 2007, y la lenta adopción de teléfonos inteligentes en los primeros años de la segunda década del siglo XXI lo que provocó que hoy en día utilicemos más nuestros móviles en internet que nuestros ordenadores. La disrupción provocó la democratización.

Hoy en día, hay varias áreas que están en este punto de inflexión. Pasemos a enumerarlas:

  • La época dorada del bricolaje electrónico. En 2013 un adolescente aburrido en la América profunda se encerró en su habitación y dio pábulo a su tedio utilizando internet para…crear un brazo biónico!! (mal pensados, seguro que pensabais que se la iba a pelar  como un mono mirando Youporn). Consultando webs como Instructables  y aprovechándose de lo baratos que están los sensores y del auge de la impresión 3D , el chaval creó un prototipo que redujo el precio de una prótesis del estilo, de 8000 dólares a menos de 1000. No esta mal para un pipiolo sin educación universitaria, ni experiencia electrónica inicial. Y sólo tuvo que navegar por internet.

Tecnologías de software y hardware libre como Raspberry PI, así como la liberalización y democratización de los sensores hacen que cualquiera, y quiere decir cualquiera, con un poco de tiempo libre y curiosidad, se pueda convertir en un experto en las tecnologías más avanzadas. Easton consiguió un trabajo en la NASA antes siquiera de ir a la Universidad. Mejor que funcionario, ¿no?

  • Computación ilimitada. No hace mucho, crear un producto de software requería una inversión inicial importante en cuestión de servidores, infraestructura de desarrollo, y sobre todo, conocimiento. Hoy en día, con el auge de los recursos computacionales en la nube, nunca ha sido más fácil montar algo rápido y de forma barata y probar a ver si suena la flauta, sin necesidad de hipotecarte hasta las cejas. En cuestión de conocimiento, hay miles de recursos  gratis para aprender programación , y si un mendigo puede aprender a programar una aplicación para Android en 4 meses, seguro que tú puedes también.
  • Avances en Inteligencia Artificial. El tema de la inteligencia artificial es más complicado, porque ya de por sí (aunque tecnologías de software libre como las librerías de aprendizaje profundo proporcionadas gratis por Google lo han hecho un poco más asequible) es una disciplina compleja incluso para los propios programadores profesionales. No obstante, no se trata de convertirte en un experto en aprendizaje automático, sino en ser capaz de utilizar estas tecnologías para beneficio propio, para mejorar la productividad y sacar más rendimiento a tu tiempo. Utilizar ayudantes personales virtuales como Amazon Echo  o Google Home se está convirtiendo en algo habitual (aunque no en España donde todavía no están comercializados) y es sólo la punta del iceberg en cuestión de aplicaciones personales de estas herramientas. Llegaremos al punto donde un software de reconocimiento de caras nos dirá el nombre y apellidos y donde conocimos a ciertas personas, para no acabar avergonzados tratando de recordar su onomástica en la parada del autobús.

La confluencia de impresión 3D con la democratización y abaratamiento de los sensores y chips, junto a la capacidad ilimitada de aprendizaje de la inteligencia artificial se ha considerado el advenimiento de una nueva revolución industrial. Esto no es nada nuevo. Un piloto de avión solamente pilota manualmente durante un reducido periodo. La inteligencia artificial es más certera a la hora de diagnosticar enfermedades interpretando placas de rayos x que los doctores más expertos. En nosotros está el adaptarnos a los nuevos tiempos, lo que nunca ha sido más fácil con la cantidad de información a nuestro alcance existente hoy en día, o meter la cabeza en el agujero, cual avestruz, y darle de patadas al Amazon Echo o al cajero automático, como algunos de nuestros tataratataratatarabuelos destruían los nuevos telares mecánicos que amenazaban a los artesanos del textil.

Si un crío o un mendigo pueden adaptarse, tú puedes también. Al fin y al cabo si la mayoría de nuestros trabajos acaban en los brazos biónicos de los robots, estos también necesitarán mecánicos que los reparen, ¿no?

 

PS Si tienes curiosidad sobre el riesgo de que tu trabajo sea sustituido por una máquina, la BBC tiene una aplicación muy maja donde te dan el porcentaje de riesgo. El mío es 1% al parecer.