A mis cuarenta y pocos tacos, ya ves tú, igual sigo de flaco, pero nada de calavera.

Pues sí, querido lector, cuarenta y pocos tacos. Diez de ellos en la Pérfida Albión, desde donde te escribo, en mi oficina doméstica en York. Trabajo en Londres, de vez en cuando, como Director de Marketing Online para la empresa de viajes mas grande del mundo. Tengo algo menos de 30 personas a mi cargo que tratan de ignorarme, y suelen conseguirlo, pero son lo suficientemente buenas para que no se note y siga en el curro.

He viajado a un par de docenas de países,  y este año pasado (2015) volé varias decenas de miles de kilómetros. Entre tanto ajetreo, intento aprender sobre todo tipo de materias, tanto relacionadas con la neurociencia y la psicología del rendimiento, como más mundanas, como a hacer el pino, aprender griego moderno o escalar. Me interesa descubrir cómo ciertas personas son capaces de aprender en múltiples disciplinas y ser relativamente buenas en casi todo, mientras otras se esfuerzan, sin resultados, en sólo unas pocas.

El arquetipo literario del hombre competente siempre me ha fascinado, lo que quizá explique, aunque no haya sido planeado, que en estos cuarenta y pocos años haya sido bailarín profesional, soldado, limpiador de cristales, corrector de actas de unas Cortes regionales, programador, operador de telemarketing, consultor, entre otras profesiones, y tenga formación oficial en disciplinas tan dispares como la Literatura, la Informática o el Marketing. Quizá pensarás, como mi abuela, que “aprendiz de mucho, maestro de nada”, pero he de estar en desacuerdo con esa sabia mujer: hoy en día, con una vasta cantidad de información a nuestro alcance, hemos de ser capaces de aprender sobre multitud de materias, y nunca ha sido ni tan fácil (porque la información es lo más universal que ha sido nunca) ni tan difícil (porque es muy difícil distinguir el polvo de los terabyes de paja en la red) como ahora.

No pasa nada, juntos aprenderemos a convertirnos en ese “hombre competente” que siempre hemos idolatrado. Gracias por acompañarme en este viaje.

“Un ser humano debe ser capaz de cambiar pañales, planear invasiones, descuartizar cerdos, pilotar barcos, diseñar edificios, escribir sonetos, contabilizar saldos, levantar paredes, tratar fracturas, dar consuelo a moribundos, recibir órdenes, dar órdenes, cooperar, actuar solo, resolver ecuaciones, analizar nuevos problemas, palear estiércol, programar ordenadores, cocinar bien, luchar eficientemente, morir con gallardía. La especialización es para los insectos. “

Robert A. Henlein