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Vales o no vales? El talento está sobrevalorado

Un compañero de trabajo estadounidense de mi departamento tiene 50 años. Esta aserción no resulta extraordinaria, al margen del hecho de que en empresas de Internet la media de edad suele ser de entre 30 y 40. Su edad no importa, pero sí su experiencia. Llamémosle John. John empezó en el mundo de Internet en los 90. Como tal, en la época de buscadores como Lycos o Yahoo, mucho antes de que Google siquiera existiera, empezó a aprender acerca de posicionamiento en buscadores. Siendo uno de los pioneros en el mundo de SEO, trabajó durante un tiempo como escritor técnico del primer buscador originado por Microsoft (Live Search) que acabó siendo Bing y colaboró en múltiples publicaciones online sobre la materia. Su bagaje profesional acumula algo así como 20 años. En comparación, yo llevo en este mundo del “search”, once.

John tiene un buen puesto, es Manager de SEO de una línea de producto en nuestra web, pero ni es el producto más exitoso que tenemos, ni su posición dista mucho de gente en mi equipo que tiene 29 años y 3 o 4 años de experiencia. Nuestro Vicepresidente de Search, el jefe de su jefe,  tiene, al menos, 6 o 7 años menos de experiencia que él. John es ambicioso, siempre ha querido más, tiene experiencia en grandes multinacionales como Microsoft y ahora Expedia, pero sin embargo, su jefe, mi homólogo en EE.UU, tiene 15 años menos que él. John a veces se frustra, manda emails innecesariamente largos intentando mostrar su conocimiento, es extremadamente protector de su línea de producto y no deja que nadie se desvíe de su estrategia. Este año ese producto no ha conseguido los resultados deseados  y John sigue allí, atascado en un puesto medio cuando sus coetáneos son CEOs de sus propias consultoras de marketing online o Directores de departamentos de SEO en grandes empresas. John vale o no vale?

La moraleja de la historia es que, a veces, la experiencia, el trabajar duro, incluso estar en los sitios correctos, en el momento adecuado, no garantiza el éxito. Esta es la premisa que Geoff Colvin, en su libro, El talento está sobrevaloradointenta proponer.

Según Colvin, la diferencia entre trabajar duro y llegar a ningún sitio, en contraposición con trabajar duro pero tener éxito, es la diferencia entre mejorar tus habilidades de una forma consciente y estructurada (práctica deliberada) en vez de adquirirlas por osmosis durante años y años de experiencia.

El concepto de práctica deliberada fue acuñado por Anders Ericsson. Ericsson lleva estudiando desde los 90 el rendimiento de expertos en dominios tan dispares como la medicina, la música, el ajedrez, y el deporte, centrándose exclusivamente en lo que llama “la práctica deliberada prolongada” ( la práctica que se basa en la aplicación de una concentración más alta que la zona de confort) como la herramienta esencial por la que artistas y expertos adquieren este rendimiento excepcional.

Ericsson se hizo famoso gracias a Malcom Gladwell y su libro Fueras de Serie en donde se desglosa cómo personajes célebres como los Beatles o Bill Gates, utilizaron la práctica deliberada prolongada (el famoso mínimo de 10000 horas para estar en la élite de una disciplina según el autor, aunque Ericsson ha desmentido este número de horas aleatorio) para convertirse en cracks de sus respectivas disciplinas.

He de reconocer que siempre he sido un fan de la teoría de la práctica deliberada, la idea de que no importa tanto el talento natural que la genética te proporciona sino la forma de aprender, técnicas adecuadas al aprendizaje (acelerado o no) que proporcionan resultados excepcionales. Es el propósito principal de este blog al fin y al cabo.   Sin embargo la ciencia avanza, y por desgracia este concepto de práctica deliberada como el principal secreto del éxito de aquellos líderes en sus disciplinas tiene que ser matizado a la luz de los nuevos descubrimientos científicos.

Un estudio metaanalítico mirando a algo más de 34 artículos científicos sobre deportistas de élite en fútbol, voleibol o natación mostró que la cantidad de práctica sólo explicaba un 1% del efecto en rendimiento en deportistas de élite.  Otros elementos cómo las características físicas, pero sobre todo psicológicas (confianza, capacidad de sufrimiento), del individuo, tenían mayor influencia.

Quiere decir esto que si no tenemos una genética privilegiada no nos merece la pena intentar aprender ciertas habilidades? En absoluto. Lo curioso y fascinante del estudio es que la diferencia en rendimiento de la práctica deliberada en deportistas no de élite se elevaba hasta el 18%. Si eres un aficionado y aplicas los preceptos de la práctica deliberada a la disciplina que quieres aprender, serás un 20% mejor en esa materia que tus coetáneos. Otros estudios han observado diferencias de rendimiento de hasta 34% en jugadores de ajedrez o músicos.

Vamos, que la práctica deliberada, el ejercicio de una actividad altamente estructurada  con el objetivo específico de mejorar el rendimiento en un área determinada de una disciplina (tirar un penalty, pronunciación de un idioma)  es importante pero no toda la historia.

Para Colvin sin embargo, y probablemente debido al hecho de que su libro tiene ya unos años y no se hace eco de los últimos descubrimientos científicos, todo depende de esta práctica deliberada, que él intenta aplicar al mundo de los negocios. Esta es la principal pega del libro, pero puesto que, como hemos observado, la práctica deliberada sigue siendo una gran herramienta para mejorar tus habilidades e incrementar tu rendimiento, voy a resumir  cómo el autor sugiere aplicar estos preceptos a la vida normal de los que no somos Tiger Woods o Rafael Nadal:

  1. La Práctica deliberada no se basa simplemente en practicar. La lógica te dice que si quieres ser bueno al tenis, jugar mucho al tenis te ayudará a conseguirlo. En la realidad esto no es así. En el mundo laboral la práctica deliberada consistirá en dividir tu trabajo en actividades específicas que se pueden repetir y perfeccionar. Si mi trabajo consiste principalmente en escribir emails, puedo mirar a cómo mejorar la gramática, la concisión, psicología de la persuasión, y trabajar en cada área una y otra vez.
  2. La letra con sangre entra. Antes de que un pedagogo me empiece a tirar adoquines virtuales explicaré que no se trata de zurrar a nadie si no le entra el latín. En esta caso la sangre es metafórica y se refiere al hecho de que la práctica deliberada consiste en sufrir…y sufrir bastante. Eso de ver a Stephen Curry pasándolo bomba en el calentamiento del partido, tirando a canasta desde el centro del campo como si estuviera haciendo una bandeja, te da la impresión de que el tío es una máquina genética privilegiada. Pero lo que no muestra es cómo, después de ganar el MVP de la NBA, su compañero Draymon Green explicaba que Curry suele ir a las 21:30 a realizar una adicional sesión de entrenamiento para mejorar ciertos aspectos de su juego. Divertido no será, pero le hará ser más competitivo.

    La aplicación en nuestro caso, volviendo al ejemplo, es que si queremos mejorar nuestra capacidad de persuasión en nuestros correos electrónicos, tendremos que intentar convencer a la gente de que haga algo por nosotros…una, y otra, y otra vez. Una vez consigamos que la gente nos escuche con más frecuencia, pasaremos a mejorar nuestra gramática. Y así continuamente.

  3. Los mejores son aquellos que saben más. “No jodas”, me dirás. “Pedazo de perogrullada”. Pero la afirmación no es tan sencilla como aparenta. Los líderes en sus disciplinas parecen tener mayor capacidad para identificar el valor de ciertos indicadores que los demás no acertamos a descubrir, extraen mayor conocimiento de la información proporcionada y consiguen apreciar detalles en el entorno que para otros pasan inadvertidos. Este “sexto sentido” no proviene del hecho de que tienen más experiencia en un área concreta, no se basa en su especialización, sino en haber sido expuestos a una gran variedad de estímulos y disciplinas. Por qué Leonardo Da Vinci, Miguel Angel, Benjamin Franklyn o Elon Musk destacan en disciplinas tan variopintas? Por el hecho mismo de que se intentan exponer a tantas experiencias distintas como sea posible. Si quieres destacar, intenta tocar tantos palos dentro de una empresa como puedas.
  4. Todo en tu cabeza. El reenviar un email con otra redacción para ver si consigues convencer al destinatario esta vez no es algo que podamos hacer, obviamente. Pero el autor propone que podemos realizar “práctica deliberada” sin necesidad de usar el método de ensayo y error,  siempre que utilicemos lo que expertos educativos llaman autoregulación . Si antes de realizar una tarea establecemos objetivos muy específicos, observamos mentalmente como actuamos en la ejecución de la tarea (algo así como verte desde fuera como un espectador) y luego nos autoevaluamos una vez la hemos llevado a cabo, buscando aquellos posibles errores y áreas de mejora, y dejando muy claro si conseguimos el objetivo planteado al principio,  habremos cubierto la mayoría de los elementos que conforman la práctica deliberada.

La idea del genio superdotado, bendecido desde la cuna con habilidades infrahumanas, es un estupendo caldo de cultivo para apasionantes narrativas (quien no ha disfrutado de historias como las de “Rain Man”, “A Beautiful Mind” o incluso “Suits”) , pero como toda narrativa, es una supersimplificación de la realidad. Al otro lado del espectro, la creencia de que mediante trabajo duro y una aplicación minuciosa de las últimas técnicas de aprendizaje te puedes convertir en el próximo Pablo Isla, tampoco es realista. Sin embargo, como casi siempre, “in medio stat virtus”; para estar en el 1% de la élite necesitas una privilegiada genética, trabajar duro y mucha suerte,  pero para estar en el 10%, según la última evidencia científica, el ejercicio de la práctica deliberada te puede llevar a esos niveles mucho más rápido que al resto. Eso sí, si fuera fácil todo el mundo lo haría.

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1 Comentario

  1. Conforme iba leyendo he pensado en Petrovic y cómo se quedaba un par de horas después de los entrenamientos tirando triples. Y vas tú y me pones de ejemplo a Curry. Preifero al genio de los Balcanes, pero hemos pensado en lo mismo.
    Gran post, y muy cierto.

Comentarios cerrados.

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